


Al noroeste de los mares de Zan Im, en el archipiélago Iblin se alza la pequeña isla de Gaia. Un pequeño trozo de tierra pero con un verdor fuera de lo común. En esa isla plagada de bosques, habitan unas pequeñas criaturas llamadas lukrak; unos humanoides con cola, orejas de zorro, cuernos y alas de mariposa.
En esta isla, hay varios clanes de ellos, cada uno del cabello de un color diferente pero, todos conviven en armonía. O lo hacían, pues como todos sabemos no puede existir un remanso de paz sin que antes venga algo a arruinarlo todo, pero, esto sería adelantar acontecimientos.
Tras esta breve introducción, centrémonos en lo que nos interesa: En uno de estos pueblecitos, al lado de la costa, es donde se hallaba nuestro pequeño ladronzuelo que, para entonces tan solo era un artesano más. Jenren, vivía de un pequeño negocio del alfareria y otras manualidades más. Se le daba bien y sus obras eran hermosas, además de disfrutar de su trabajo. Sin embargo la naturaleza traviesa de estas criaturas lo impulsaba a hacer de vez en cuando de las suyas; nada preocupante en aquel lugar pues todos los lukraks eran auténticos trastos así que se “gastaban bromas” los unos a los otros, además de las desapariciones de objetos, algo muy normal de un lugar donde reliquia familiar se consideraba todo aquello que durase más de una semana en una casa. Y sin embargo, pese al aparente caos que se vivía en las aldeas de estas criaturas, nunca había grandes problemas, difícilmente conocían el crimen o la crueldad, pues vivían aislados del resto del mundo. Excepto aquello que se atrevían a salir de su pequeña isla y explorar el mundo, algo en apariencia nada malo de no ser, por qué, a raíz de esto se fueron escuchando los rumores de Isla Gaia y sus riquezas. La desgracia quiso qué la curiosidad de Jenren por los humanos, confiase en uno qué llegó y se ganó su confianza. Lo qué Jenren no sabía es qué aquel hombre, era miembro del gremio de la luna de sangre y su objetivo era tro lugar lejano.

destruir el árbol de las lágrimas de cristal, planta sagrada qué protegía la isla. Siendo desprotegida del todo, comenzaron a llegar invasoras.
Por lo qué Jenren se vio obligado a huir de la isla, y aunque fue ayudado por el humano qué lo traicionó, acabó en manos de unos piratas. Habría sido ejecutado pero, de nuevo la fama de los de su raza le precedía y los piratas pensaron que Jenren sería mejor limpiando la cubierta y pelando patatas como sirviente, que prisionero pudriéndose en una de las celdas de la bodega hasta ver qué hacer con él. Y eso fue todo. Al menos, hasta que vió ciertos desperfectos en el barco que reparó en sus ratos libres para ganarse la confianza de sus captores. Estos, al ver lo trabajador que era el muchacho, y su buena predisposición a hacer cosas por la tripulación, comenzaron a darle su confianza, viéndolo de forma paulatina menos como un sirviente y más como un compañero.
Algunos meses pasaron y, Jenren ya era un pirata más, seguía llevando a cabo las tareas de limpieza y demás pequeñas cosas de mantenimiento del barco pero, gozaba de su propio taller dentro del mismo, además del privilegio de ser un miembro muy apreciado en la tripulación, pues a diferencia de los invasores de su isla, aquellos criminales no lo veían como a una criatura inferior de la que aprovecharse o un mero ladronzuelo, si no que era su compañero de aventuras, su amigo, su hermano, su nueva familia. Y no cambiaría aquello por nada del mundo. Pero, la vida del pirata no es nada fácil, y cuanto más fama adquiría su nueva familia de bucaneros, más enemigos aparecían y cada vez más poderosos. Por lo que fue inevitable que llegase algo contra lo que no podían luchar… Una poderosa armada que hundió su barco y los apresaron a todos, entre ellos Jenren, el cual se libró de la ejecución por el mero hecho que, en un nuevo desprecio hacia los de su especie consideraron que de ningún modo él era nada más que "algo" que tenían para apagar sus más bajos instintos en alta mar. Y aunque al principio pensó que, tuvo suerte por no ser arrestado, no tardó en descubrir que; los afortunados fueron precisamente sus compañeros ejecutados. Ya que, el pelirrojo comenzó a recibir "visitas" no deseadas por parte de los guardias que querían usar al zorro para lo mismo que pensaban que había sido usado en alta mar.
Pero, no hay mal que por bien no venga, ya que con un poco de astucia y labia, consiguió encaprichar a uno de los guardias que, más adelante lo sacó de la prisión con la condición de que fuera a "servir" a su casa como nuevo criado. Jenren, no tardó ni una noche en poner somnífero en la comida de su nuevo "amo", robar todo cuanto tuviera de valor en la casa y esfumarse tan rápido como pudo. Viajó durante días a sabiendas de que volverían a buscarlo, y esta vez sí que sí como a criminal. No sé detuvo hasta pasar varias semanas y llegar a un alejado bosque que, en cierto modo le recordaba a como era Isla Gaia antes de su invasión. Allí, se construyó una típica casa Lukrak en los árboles, bajando de tanto el tanto al pueblo para saquear y revender, pagándose de este modo las herramientas y materiales que va necesitando sobre la marcha, y soñando con poder abrir algún día su pequeño negocio de nuevo, aunque, sabe que en cualquier momento ese hombre le encontrará y deberá salir corriendo prácticamente con lo puesto para, volver a empezar de cero en otro lugar lejano.

